Cuando el desconocimiento hiere la infancia refugiada

Hoy, es el Día Internacional de las Personas Refugiadas, desde ACNUR España indican que hay  más de 122 millones de personas desplazadas forzosamente en todo el mundo. Pero, yo hoy quiero hablarte de cómo el desconocimiento de estas cifras potencia el racismo, los estereotipos que radicalizan la protección y la prevención, sobre todo cuando se habla de infancia refugiada y exportación.

Actualmente se estima que 1 de cada 10 niños en todo el mundo se encuentra en situación de trabajo infantil, lo que quiere decir que 160 millones de niños en el mundo no tienen infancia. Muchos de estos niños, son menores, infancia refugiada,  trasladada forzosamente y sin derechos o los pocos a los que tienen acceso se ven invisibilizados por las propias necesidades económicas familiares y del sistema en el que se encuentran.

Desde Amamigrar, a lo largo de estos años, hemos escrito diversas entradas sobre este tema, puedes leer  ¿Qué pasa cuando robamos la niñez?, o “la justicia social y meritocracia”, donde se habla de la situación de los menores migrantes sobre todo como una cuestión de derechos y deberes, pero también de ser más conscientes del talento y no de la injustica social que aplicamos al taponar e impedir que este se desarrolle y que podría beneficiar no sólo a su vida, sino a la ciudadanía con su capital social.  

 

¿Por qué el desconocimiento potencia el racismo hacia la infancia refugiada?

 

Estamos viendo el genocidio en Gaza, como se está acabando con la infancia y si no dejándola traumatizada y matándola de hambre. 

Las instituciones y la sociedad en general con los discursos en los medios de comunicación y la politización política arrastran miedo, y distancia. Crean una barrera fruto del desconocimiento, y la intolerancia que hace prácticamente imposible que seamos capaces ya de pensar en una acogida cálida, empática y humana a estos menores, migrantes y refugiados. 

El desconocimiento genera más racismo, xenofobia, distancia social, barreras y una gran frialdad institucional que se traslada al ciudadano de a pie, porque ya no nos duele la infancia, no nos duelen los niños, no duelen las imágenes, pero quienes sí lo sienten cada día son los niños, niñas y adolescentes, a quienes la explotación, los trabajos forzados o la separación forzosa de sus familia, le ha arrebatado los sueños y les ha obligado a crecer. 

 

Las dificultades de identidad en la infancia migrante

 

Como ya he hablado en las entradas de blog, en las que me refiero específicamente al impacto que tiene el “Duelo Migratorio en la infancia”, si las personas migrantes adultas, que han ejercicio procesos migratorios planificados y estructurados (en la medida de lo posible) sufren y padecen las consecuencias psicoemocionales de la precariedad, en la infancia el peso es mayor y también más invisible. 

Según la OIT, Las regiones de África y Asia y el Pacífico juntas alcanzan la cifra de casi nueve de cada diez niños en situación de trabajo infantil en todo el mundo. Y al ser más alto en los países de bajos ingresos, también son niños que se ven obligados a la movilidad forzosa, sin vínculos, red de apoyos, expuestos a redes de tratas de personas y situaciones de extrema exclusión. 

 

¿Por qué es importante hablar de infancias migrantes?

 

Cuando hablamos de infancia migrante, expuestas a trabajo infantil, también hablamos de menores que deben de cumplir expectativas laborales económicas en casa, enviar remesas, ser obligados a adaptarse a un sistema educativo distinto, a un idioma que no dominan, a normas sociales que no entienden, pero que además poco hacen las instituciones porque entiendan.

El desconocimiento potencia el racismo porque está infancia migrante a menudo lleva el peso de ser los intérpretes de sus padres, la mente económica del hogar, con problemas, miedos y dificultades que no les corresponde a su edad, a su derecho a la infancia. 

No es sólo él ni de aquí ni de allá, es que se convierten en un híbrido de infancia y adultez donde el duelo es tan grande y tan invisible, que tendrá consecuencias psicoemocionales para el resto de sus vidas adultas. 

 

¿Cómo podemos ser una alternativa?

 

La meta, de días internacionales como el de hoy, es que sólo con apoyo real, oportunidades y derechos, la infancia podrá alcanzar pertenencia y confianza para construir el futuro. 

Por eso, esta vez propongo que se desarrollen dentro de las líneas de actuación de las personas migrantes, sistemas de acogimiento integral propios para la infancia, no sólo como unidades familiares, sino itinerarios individualizados para estos menores, donde también se incluyan las expectativas familiares, las del territorio y su duelo migratorio.

Proteger la infancia, es proteger el futuro, hagamos más de lo que ya vemos, seamos proactivos en los procesos de acogida, seamos un abrazo real.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio