He tardado y también meditado mucho esta entrada de blog. La semana pasada, como un acto revolucionario hacia la migración (mirándola con ojos de amor), pasó algo que, si bien en España ya ha ocurrido antes, vuelve a cobrar fuerza: las regulaciones masivas.
La que, con suerte, se aprobará y se pondrá en marcha entre abril y junio de 2026 es un acto revolucionario de amor, de trabajo colectivo y de luchas invisibles. Y como ya se dijo en 2020: no es caridad, es justicia social.
El inicio del movimiento “Regulación Ya”
Hace más de cinco años, con el final de la pandemia, comenzó el movimiento social Regulación Ya. Se unieron muchas organizaciones, se organizó a la ciudadanía y se recogieron más de 700.000 firmas. Puedes leer la entrada de blog que escribí al respecto: RegularizaciónYA
Esa cifra, aunque parezca fácil y redonda, no lo es. Yo misma recogí 400 de ellas. Llevaba mi carpeta blanca con las firmas a todos lados: de fiesta, a casa de amigos, incluso a la boda de mi hermana. La misión estaba clara, pero no fue sencilla. En el proceso me di cuenta de que no tenía tantas personas a mi alrededor con DNI. La nacionalidad representa ese documento que aglutina el esfuerzo culminante, el privilegio jurídico y, al mismo tiempo, el recordatorio de que nunca seremos completamente “de acá”, porque ya fuimos y seguiremos siendo “de allá”.
La regulación como movimiento mundial del amor
He tardado en escribir esta entrada porque no quería caer en populismos. Yo misma me he visto en la trampa de leer noticias y mensajes en redes que no siempre son fidedignos, que hacen más daño que verdad, confunden más de lo que esclarecen y generan ansiedad allá por donde circulan.
¿Y por qué ansiedad? Porque la regularización, cuando solo se anuncia y no se detallan instrucciones, da miedo. Aumenta la incertidumbre y fomenta el estrés.
- De la ciudadanía en general, que consume discursos racistas y xenófobos que alimentan el miedo a una “invasión”, la pérdida de empleos o el deterioro de la calidad de vida.
- De las personas migrantes en situación irregular, que ven en esta noticia una posibilidad de cambio, pero también sienten temor al saber que el tiempo juega en su contra. Intentar regularizar a medio millón de personas en solo tres meses, cuando ya hay solicitudes pendientes desde hace meses, suena casi tan improbable como “que nieve en Miami”.
- Y también de quienes trabajamos con población migrante, que deseamos ayudar a regularizar al mayor número posible de personas, pero lo hacemos con escasos recursos, estructuras frágiles y pocos medios. Nos esperan meses intensos de trabajo.
España en el centro del debate
La revolución del amor está llegando, como se ha comentado en redes sociales. Hoy, personas, instituciones y estados observan a España como una referencia. Frente a los discursos fronterizos y políticas de exclusión (esas que antes veíamos solo en películas), España ofrece una alternativa y la oportunidad de dignificar la migración.
Y no importa si la medida llega tarde o si las motivaciones políticas no son las ideales. Lo importante es que, en un mundo obsesionado con levantar más fronteras, seguimos sin comprender que la verdadera ciudadanía global se construye cuando todas las personas pueden ser visibles, contribuir, pagar, crecer y participar como sujetos plenos de derechos. Eso solo se logra cuando existen documentos que permiten integrarse y reducen la economía sumergida o la creación de mafias.
Una revolución que se hace con amor ¡Regularización YA!
No voy a detallar requisitos ni hablar de la posibilidad jurídica de una nueva regularización masiva; de eso ya he escrito antes y hay mucha información disponible (aunque todavía falta información oficial y publicada en el BOE)
Lo que sí quiero subrayar es algo que compartió un cantante hace poco: “El discurso de odio no se combate con más odio, sino con amor.”
Sigo convencida, como he escrito muchas veces, de que la migración es un acto de amor. Y ojalá que este 2026, con medidas como la regularización administrativa, comprendamos que la verdadera revolución consiste en ofrecer nuevas vías, narrativas y formas de hacer las cosas desde el amor colectivo.
