La esperanza migrante

Hoy, en el Día Internacional de las Personas Migrantes, el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce el derecho a desplazarse y a elegir dónde vivir. En este día, para celebrarte a ti, persona migrante, quiero que hablemos de lo que yo llamo la Esperanza Migrante.

Este año, como lectura de verano, termine de leer el libro de Sani Ladan “la luna está en duala. y mi destino en el conocimiento”, acabé el libro no sólo con las ganas de escribirle al autor por lo mucho que me había gustado, sino sintiendo que había aprendido y reflexionado, porque en sus páginas encontré el reflejo de la esperanza migrante.

«La migración es un acto de valentía, un paso hacia un futuro más esperanzador». -anónimo

¿Qué es eso de la esperanza migrante?

En mi vida, y por mi ejercicio profesional se cruzan muchas historias, pero en septiembre, se cruzó una persona de un país africano que lleva desde el 2016 luchando, sobreviviendo y superponiéndose a todas sus múltiples circunstancias y que a pesar de estar en situación administrativa irregular (lleva así 9 años) en sus ojos, había esperanza migrante. La vida y la normativa en extranjería se lo han puesto difícil y aún así volvió a acudir al lugar donde en el 2019 le dieron la mano para volver a solicitar ayuda, tenía esperanza.

Si buscas en internet el termino se refiere a “la esperanza que tienen las personas migrantes, ya sea al llegar a un nuevo país o durante el proceso migratorio”. 

A mí me gusta etiquetarla como ese motor, gasolina y a veces hasta azúcar que hace que las personas que deciden emprender y ejercer un proyecto migratorio encuentren la fuerza, las capacidades y sobre todo el empuje para buscar y mejorar sus condiciones de vida, construir un futuro mejor haciendo realidad expectativas y sueños. 

Visto así, todas las personas podríamos tener esa “esperanza migrante” y si fuera así, a la hora de ver la migración lo haríamos de manera más humana. 

No es falta de integración, es falta de intenciones.

No pretendo romantizar la migración, nunca lo he hecho, hacerlo expone y vulnerabiliza más a las personas, las embarca en un desconocimiento que sólo atracará en un lugar oscuro y en el que la mayoría de las veces trae más caos. 

Lo que si pretendo es evidenciar y como así lo reflejó Sani; el poder que tenemos las personas y sobre todo aquellas que nos dedicamos a “lo social” en influir positivamente o no en los procesos migratorios de otras personas, en sus capacidades, en sus oportunidades y en el refuerzo de su esperanza. 

Migrar, ejercer el derecho humano a la movilidad, es un acto de fe, en uno/a misma, en tus posibilidades y también un acto de amor, porque ese salto al vacío al desconocimiento, solo se hace por amor. 

Sani lo hizo por el mismo, por su deseo de conocimiento como muchas personas que quieren estudiar, formarse y ganar en competencias para tener una mejor calidad de vida. Pero hay otras muchas que lo hacen por amor a sus hijos, a sus familias donde se espera encontrar oportunidades y seguridad que no se tenían en el lugar de origen. 

Pero cuando hay desconocimiento, no es sólo una cuestión de falta de integración, es un manifiesto de la total falta de intenciones que existen por parte de los estados en brindar lugares, como ciudadanos globales, de tener oportunidades para enfrentarse a los desafíos. Piedras en el camino provocadas por el control de fronteras, el colonialismo o acuerdos internacionales que no son bilaterales. 

No hay voluntad política, hay acciones humanas. 

Según el  último Informe Mundial sobre Trata de Personas (GLOTIP 2024) Indica que la detección de la trata con fines de trabajo forzoso ha registrado mayores aumentos que la trata con fines de explotación sexual y con otros fines. 

A escala mundial, en 2022 el 42% de las víctimas detectadas eran víctimas de trata con fines de trabajo forzoso, mientras que el 36% lo eran con fines de explotación sexual. La trata de niños y niñas y con fines de trabajo forzoso, representan el 38% de las víctimas identificadas. 

El Informe registra un aumento del 25% en el número de víctimas de trata detectadas en el mundo en 2022, en comparación con cifras anteriores a la pandemia de 2019. Entre 2019 y 2022, el número de víctimas detectadas en el mundo por trata con fines de trabajo forzoso aumentó un 47%.

Y es aquí cuando una persona migrante, pierde la esperanza, lo hace porque a veces cuando pierdes la fe, la gasolina y el motor, no encuentras nada a lo que agárrate. Lo haces porque la necesidad te lleva a padecer y ser victima de las redes de tráfico de personas y no poder pedir ayuda. 

Lo haces porque tu historia incrementa los bolsillos de las redes de trata. Pierdes la fe cuando no te hacen sentir un ser humano de pleno derecho, lo hacen cuando te convierten en invisible. 

Humanizar las historias migrantes, para humanizar la migración.

Eso es lo que hace Sani Ladan con su libro, exponer su historia para sensibilizar sobre la migración, sobre la situación de África. Cambia la narrativa, ofrece datos, relatos y su historia personal para recordarnos que es a través del apoyo mutuo, la creación de redes, la solidaridad, la generosidad y altas dosis de esperanza la forma que muchas personas migrantes encuentran para afrontar las adversidades.

Es falso el discurso de la creación de vías legales y seguras, porque eso entrañaría perdida de privilegios, nadie quiere perder nada de su parcela, aunque desconozcan porque lo tengan, aunque implique el sufrimiento ajeno (Ahora vemos el sufrimiento humano en Gaza, la pérdida de generaciones, la hambruna y seguimos sin movilizarnos).

En la esperanza migrante, siempre hay amor

La migración, se habla desde el miedo, porque hacerlo desde el amor es reconocer que tú, tus hijos, tu familia también puede estar expuesta a las violaciones de derechos humanos a las que se exponen miles de personas migrantes sólo por haber nacido en un país con un color de pasaporte concreto (o a veces carecer de él).

Si bien, hablar de esperanza es un término muy complejo y que a nivel psicoemocional tiene muchas aristas, porque refleja tanto aspiraciones personales como las circunstancias de los lugares de acogida y como estos apoyan la migración. 

La semana pasada, el 13 de diciembre, desde este proyecto que es AmaMigrar, organizamos la II Jornada sobre Duelo Migratorio, en la que participamos 40 personas. Las narrativas que confluyeron en La Parceria, los abrazos compartidos, las historias y generosidad de las ponentes, el conocimiento construido colectivamente y el espacio de escucha se entrelazaron en un cierre mágico de la mano del Colectivo Ayllu, con un cuento ancestral que honraba nuestras historias y nuestros dolores. Al final, lo que nos quedó fue la fuerza de la Esperanza Migrante.

Me parece que al final, la esperanza es brújula que guía a las personas que migran para no perder el foco en su proyecto, o para buscar la luz cuando lo han perdido, porque uno de los factores que más impacta en el proceso psicoemocional del Duelo Migratorio, es esa desesperanza cuando el sentimiento de fracaso y la falta de control se convierte en nuestro día a día y entonces ¿Para qué estamos aquí?, ¿Por qué estamos sacrificando tanto?

«Las raíces no están en el paisaje, ni en un país, ni en un pueblo, están dentro de ti». Isabel Allende

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