La Realidad Migratoria en España

Hace algunas semanas estuve en la presentación del informe La Realidad Migratoria en España: Prioridades para las políticas públicas”, elaborado por el Consejo Económico y Social en España. Si bien, en líneas generales, no se dijo nada que no se supiera ya, quiero compartir algunos datos que, a mi parecer, resultan especialmente relevantes.

España vive una transformación migratoria de gran alcance. En las últimas dos décadas, el país ha pasado a convertirse en uno de los principales destinos migratorios de Europa, con más de 10 millones de personas nacidas en el extranjero. Este cambio no es coyuntural: la migración es un fenómeno estructural que sostiene el dinamismo demográfico, económico y social del país.

Aquí la cuestión es ¿Cómo estamos gestionando la migración en España, si históricamente hemos sido un país emisor y no receptor?

La realidad migratoria no puede entenderse solo como un reto de gestión. También es una oportunidad para fortalecer el estado de bienestar, garantizar el relevo generacional y sostener sectores clave como los cuidados, la agricultura, la hostelería o los servicios esenciales. La cuestión central no es si hay migración, sino **cómo se gestiona** para que genere derechos, convivencia y desarrollo compartido.

La realidad migratoria no puede entenderse solo como un reto de gestión. También es una oportunidad para fortalecer el Estado de bienestar, garantizar el relevo generacional y sostener sectores clave como los cuidados, la agricultura, la hostelería o los servicios esenciales. La cuestión central no es si hay migración, sino cómo se gestiona para que genere derechos, convivencia y desarrollo compartido.

Ahora bien, dentro de este argumento persiste una mirada utilitarista que reduce la migración a fuerza de trabajo: la solución, la llave, la moneda. Pero, ¿Qué ocurre con la otra cara de la moneda? ¿Qué pasa con las personas migrantes? ¿Cómo pasamos de ver manos a reconocer sujetos, trayectorias, derechos y dignidad?

Nuestra realidad migrante y el equilibrio social

La población migrante ya forma parte imprescindible del mercado de trabajo y del tejido social en España. Distintos análisis recientes destacan que el empleo extranjero está creciendo tanto en ocupaciones esenciales como en puestos cualificados, lo que muestra que la migración aporta mano de obra, talento y capacidad de innovación.

Las personas migrantes representan hoy el 25 % de la población ocupada en España y concentran cerca del 90 % de los nuevos empleos generados en los últimos años. Sin esta realidad, el país no podría sostener los servicios, los cuidados ni la producción agrícola que alimentan la sociedad. La migración, lejos de ser una amenaza, es bienestar, convivencia y futuro.

Según estimaciones como las del documento España ante el reto migratorio: dos escenarios posibles, que la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia (ONPE), sin la contribución de la población migrante, el país perdería capacidad productiva, sanitaria y educativa. En 2075, un escenario sin migración implicaría perder hasta un 22% de la renta nacional y contar con 60.000 médicos menos. La migración es, así, parte esencial del equilibrio demográfico y de la sostenibilidad del modelo social. (Accede aquí al informe)

Además, las personas migrantes contribuyen de forma significativa al sostenimiento fiscal y a la actividad económica, mientras que su presencia ayuda a compensar el envejecimiento de la población y la caída de la natalidad. En otras palabras, la migración no solo acompaña el cambio social: también ayuda a sostenerlo. Por esto y por otras tantísimas cosas más la regularización extraordinaria, tienen tanto sentido social.

El reto de las políticas públicas

La integración no depende únicamente de la voluntad individual, sino de políticas públicas eficaces. La mejora de los procedimientos administrativos, el acceso a derechos, la regularización y la homologación de competencias son elementos clave para evitar la precariedad y la economía sumergida.

En este marco, el nuevo contexto europeo de asilo y migración plantea la necesidad de reforzar una gestión más ordenada, común y respetuosa con los derechos fundamentales. España necesita políticas que reconozcan los beneficios mutuos de la migración y que traduzcan esa realidad en oportunidades reales de participación, empleo digno y convivencia.

Cabe Resaltar, como ya exponen organizaciones como CEAR o desde Caritas, el nuevo pacto que entrará en vigor el 1 de julio, lejos de garantizar una migración respetuosa con los derechos fundamentales, se dirige a políticas más restrictivas, criminalizando el derecho humano a migrar. (Puedes leer esta noticia: «La aplicación del Pacto Europeo de Migración y Asilo: hacia políticas más restrictivas» del Real Instituto el Cano)

Una mirada de futuro: Hacia nuestra realidad migratoria

La migración también interpela a la sociedad en su conjunto. El auge de los discursos de odio, la xenofobia y la desinformación en redes sociales construye fronteras invisibles que excluyen y vulnerabilizan a las personas migrantes. Frente a ello, es imprescindible una narrativa pública basada en la dignidad, la corresponsabilidad y la justicia social.

En este sentido, el vídeo “El corazón no tiene razas 2026” de la Fundación Senara está financiado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 y en el que he tenido la oportunidad de participar como experta, aporta un mensaje valioso: detrás de cada proceso migratorio hay historias reales, decisiones difíciles y una enorme capacidad de resiliencia. La pieza, integrada en la campaña *Cambiando Miradas*, invita a reconocer la humanidad compartida y a romper con estereotipos que reducen a las personas migrantes a cifras o prejuicios.

La realidad migratoria exige una mirada transversal, desde todas las esferas, y una visión a largo plazo. Sin migración, el país sería más envejecido, más desigual y menos sostenible; con una gestión adecuada, en cambio, la migración puede seguir siendo un factor de cohesión social, equilibrio demográfico y crecimiento económico.

Mi reflexión como Trabajadora Social migrante y profesional que trabaja con personas migradas

El discurso histórico sobre “migración gestionada, segura y estable” me plantea una pregunta: ¿se han parado a pensar en la realidad de las personas migrantes? Ante los conflictos bélicos, la inseguridad y la extorsión en algunos lugares de origen, el hambre, el cambio climático o ante los deseos de cambio y la humanidad que compartimos, ¿Cómo se nos va a gestionar “haciéndolo” seguro, estable y gestionado?

La migración se entiende, pero no se comprende. Si así fuera, sabríamos que muchos de los proyectos migratorios se planifican, se intenta que sean seguros y gestionados; sin embargo, son los lugares de acogida quienes vulnerabilizan a las personas migrantes, son las políticas públicas quienes cierran las puertas antes de que las propias personas migrantes hayan comenzado a transformar su proyecto migratorio.

Desde AmaMigrar, esta realidad nos impulsa a seguir defendiendo un modelo de convivencia basado en derechos, participación e inclusión poniendo el foco con la gestión psicosocial, las personas migrantes somos más que el color de un pasaporte. Porque hablar de migración es hablar de presente, de trabajo, de cuidados y también de sociedades inclusivas.

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