La migración es un acto de amor

Mañana es San Valentín, hace unos años, cuando comenzaba a escribir este blog, escribí” “mi pequeño San Valentín» como una forma de proponer un cambio de narrativas hacia la humanización de la migración. Hoy, y viendo como ha comenzado este 2025 en temas migratorios, me gustaría afirmar si eres migrante o no, que la migración en sí misma es un acto de amor.

 

¿Por qué es un acto de amor?

 

En el poemario de William González Guevara, “inmigrantes de segunda” que ha sido premio de poesía Hiperión, en sus poemas, exponen la historia de vidas mujeres migrantes que han trabajado en el servicio doméstico, al igual que refleja el impacto que ha tenido en su propia vida ser hijo migrante de una de ellas. Hay frases tan potentes. El poema de las invisibles me encanta, pero hoy hablando del amor, quiero que leas este:

 

¿DNI Español? Si, claro. Aquí tiene.

Como si fuesen criminales huyen 

de migración. Evitan los controles matutinos 

de la policía nacional. 

No tener los papeles en regla implica 

la temida deportación ingrata.

Una vez afincadas en España 

esperan que transcurran unos años 

para poder regularizarse sin problemas 

Soportan 1095 días cobrando 

negro, caminando por paradas de metro 

sin apenas controles migratorios.

Aprenden a vivir con nerviosismo, 

sin su seguridad social son pocos 

los derechos que amparan sus figuras.

Llegando el plazo para conseguir 

su ansiada documentación en regla, 

visitan CEPIS, llaman abogados, 

sueñan con el tesoro del momento; 

una tarjeta de residencia con dos letras

y siete números que llevaría 

allá por donde vaya.

 

Creo que hay muy pocas personas migrantes que no sean capaces de identificarse con el sentimiento de frustración, incertidumbre, esperanza y alegría que produce la regularización administrativa, y si no hay empatía en el proceso, es porque hay privilegios a la hora de realizar el proceso.

 

Es por este  principal motivo, por el que creo que, en cualquier tipo de migración, siempre hay amor.

 

Nadie quiere ser y sentirse un ilegal, no estamos hechos para que nos hagan sentir que somos extraños, no deseados, menospreciados e inválidos negando nuestras capacidades individuales. Pero esto es lo que hacemos una y otra vez con las personas migrantes.

La semana pasada compartí en Instagram la siguiente imagen. El mensaje es “A Trump se le olvida que una mujer migrante lo parió”. Lo curioso de esto, es que cuando olvidamos nuestra historia estamos condenados a repetirla, alimentar la xenofobia, el racismo y los discursos de odio. Lo anterior sólo alimenta el miedo, el cual ha incrementado en miles de personas en EEUU. Migrar, no es un delito, atravesar las fronteras, exponerse a ellas, ser monedas de cambio y sentir la violencia, se hace por un anhelo de oportunidades, y eso es un Derecho Humano.

Creo que, para cambiar las narrativas, hay que hablar desde la empatía, no es una cuestión de raza, religión o ideología, es más de tu historia, quien eres y a dónde vas, me remito a la canción, que ahora es tan famosa del reguetonero Bad Banny, que en sus líricas dice, ”aquí nadie quiso irse, quien se fue sueña con volver. si algún día me tocará, que mucho me va a doler». 

Según las cifras aportadas desde el fondo de mujeres calala, el año pasado más de 122 millones de personas ejercieron su derecho de movilidad humana y de estas un 39% eran personas refugiadas. Es más, en lo que se refiere a España, recientemente se ha publicado un artículo desde el ABC que indica  “el mapa de la inmigración en España, calle a calle” es interesante leer las 101 claves que indica sobre la inmigración en el país como un fenómeno demográfico y que indudablemente está cambiando la sociedad que conocemos. 

 

Esta semana, por San Valentín,  el Día Internacional del Amor, quiero recordarte:

Que el amor es lo que somos y que todas las personas estamos hechas de trocitos de migración. Por esto, existe el Duelo Migratorio, porque la migración al igual que es una ganancia también es un conjunto de pérdidas que duelen. Las personas migrantes soportan muchas cosas, no sólo la economía tanto de sus familias en los lugares de acogida como en los de origen a través de las remesas, soportan discriminación, racismo y xenofobia, grandes cargas mentales y deslegitmación del talento, soportan la riqueza y patrimonio cultural  y lo hacen en nombre del amor. 

 

En los tiempos que corren “tratar al prójimo como a ti mismo” es un acto revolucionario en el nombre del amor. Cambiar las narrativas, hablar en positivo, recordar nuestra historia, movimientos globales y los derechos humanos se convierte en una lucha por el valor de la vida. 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio